De regreso de Irak, el Papa habló de migración

 

A su regreso de Irak, como de costumbre, el Papa Francisco se sometió a las preguntas de los periodistas que viajaban con él. Entresacamos aquellas que se refieren a las migraciones y a la trata de personas, especialmente mujeres. 

La migración como una invasión 

-Vimos la valentía, el dinamismo de los cristianos iraquíes, también vimos los desafíos que deben enfrentar, la amenaza de la violencia islamista, el éxodo y el testimonio de la fe en su ambiente. Estos son los retos de los cristianos en toda la región. Hablamos del Líbano, pero también de Siria y de Tierra Santa. Hace diez años se celebró el Sínodo para Oriente Medio, pero su desarrollo se vio interrumpido por el ataque contra la catedral de Bagdad. ¿Piensa hacer algo para todo Oriente Medio, un Sínodo regional, o cualquier otra iniciativa?

No estoy pensando en un Sínodo, estoy abierto a muchas iniciativas, pero un Sínodo no se me ocurrió. Usted tiró la primera semilla, vamos a ver. La vida de los cristianos es atormentada, pero no sólo la de los cristianos, hablamos de los yazidíes… Y esto, no sé por qué, me dio una fuerza muy grande. Existe el problema de la migración. Ayer, mientras volvíamos en automóvil de Qaraqosh a Erbil, vi a mucha gente, jóvenes, la edad es muy muy baja. Y la pregunta que alguien me hizo fue: ¿pero cuál es el futuro de estos jóvenes? ¿A dónde irán? Muchos tendrán que abandonar el país.

Antes de partir para este viaje, el otro día, el viernes, doce refugiados iraquíes fueron a despedirse de mí: uno tenía una prótesis en la pierna porque al escapar terminó debajo de los camiones y había tenido un accidente. La migración es un derecho doble: el derecho a no migrar y el derecho a migrar. Estas personas no tienen ninguno de los dos, porque no pueden emigrar, no saben cómo hacerlo. Y no pueden emigrar porque el mundo aún no ha tomado conciencia de que la migración es un derecho humano.

La otra vez un sociólogo italiano me dijo, hablando del invierno demográfico en Italia: dentro de cuarenta años tendremos que «importar» extranjeros para que trabajen y paguen las contribuciones de nuestras pensiones. Ustedes, los franceses, fueron más inteligentes, fueron adelante desde hace diez años con la ley que apoya a la familia, su nivel de crecimiento es muy grande.

Pero la migración se la vive como una invasión. Ayer quise recibir después de la misa, porque él lo pidió, al padre de Alan Kurdi, este niño, que es un símbolo, Alan Kurdi es un símbolo: por eso regalé la escultura a la FAO. Es un símbolo que va más allá de un niño muerto en la migración, un símbolo de civilizaciones que mureren, que no pueden sobrevivir, un símbolo de humanidad. Se necesitan medidas urgentes para que la gente tenga trabajo en sus propios países y no deba emigrar. Y, después, medidas para salvaguardar el derecho a emigrar. Es verdad que cada país debe estudiar bien la capacidad de acogida porque no es sólo la capacidad de recibir y dejarlos en la playa. Es recibirlos, acompañarlos, hacerlos progresar e integrarlos. La integración de los migrantes es la clave. Dos anécdotas: en Zaventem, en Bélgica, los terroristas eran belgas, nacidos en Bélgica, pero migrantes islámicos en guetos, no integrados. El otro ejemplo, cuando fui a Suecia, la ministra que me despedía era muy joven y tenía una fisonomía especial, no típica de los suecos. Era hija de un migrante y una sueca, tan integrada que llegó a ser ministra. Pensemos en estas dos cosas, nos harán reflexionar mucho: integrar. Sobre las migraciones, que creo que es el drama de la región. Quisiera agradecer a los países generosos que acogen a los migrantes: El Líbano, que tiene, creo, dos millones de sirios; Jordania – desgraciadamente no pasaremos por encima y el rey quería rendirnos un homenaje con aviones a muestro paso – es muy generosa: más de un millón y medio de migrantes. ¡Gracias a estos países generosos! ¡Muchas gracias!

Las mujeres más valientes que los hombres 

Quería saber qué sintió desde el helicóptero al ver la ciudad destruida de Mosul y después al rezar en las ruinas de una iglesia. Si se me permite, ya que es el Día de la Mujer, quería hacer una pequeña pregunta sobre las mujeres también. Usted apoyó a las mujeres de Qaraqosh con palabras muy hermosas, pero ¿qué piensa del hecho de que una mujer musulmana enamorada no pueda casarse con un cristiano sin ser descartada por su familia o algo peor?

De Mosul he dicho un poco «de pasada» lo que sentí. Me detuve frente a la iglesia destruida, no tenía palabras. Increíble, increíble… No sólo esa iglesia sino también otras iglesias, incluso una mezquita destruida. Se nota que no estaba de acuerdo con esta gente. Increíble la crueldad humana que tenemos. En este momento, no quiero decir la palabra, empezamos de nuevo: miremos a África. Y con nuestra experiencia en Mosul, estas iglesias destruidas y todo lo demás, crea enemistad, guerra, y también el denominado Estado Islámico comienza a actuar de nuevo. Esto es algo malo, muy malo. Una pregunta que me vino a la mente en la iglesia fue la siguiente: ¿pero quién vende las armas a estos destructores? ¿Por qué no fabrican ellos mismos las armas en casa? Sí, se fabricarán algunos artefactos… ¿Pero quién vende las armas? ¿Quién es el responsable? Al menos pediría a los que venden las armas la sinceridad de decir: nosotros vendemos las armas. No dicen eso. Es feo.

Ahora las mujeres. Las mujeres son más valientes que los hombres, pero eso siempre ha sido así. Pero las mujeres son humilladas aún hoy, llegamos a ese extremo: una de ustedes me mostró la lista de precios de las mujeres (preparada por el Isis que compró mujeres cristianas y yazidíes, ndr.). No podía creerlo: si la mujer es así, de tal edad cuesta tanto… Las mujeres se venden, las mujeres se esclavizan. Incluso en el centro de Roma, el trabajo contra la trata de personas es un trabajo cotidiano. Durante el Jubileo fui a visitar una de las muchas casas de la Obra de Don Benzi. Muchachas rescatadas, una con la oreja cortada porque no había llevado dinero ese día, la otra traída desde Bratislava en el maletero del automóvil, una esclava, secuestrada. Esto pasa entre nosotros, ¡eh! La trata de personas. En estos países, especialmente en la parte de África, existe la mutilación como un rito que debe hacerse. Pero las mujeres siguen siendo esclavas y debemos luchar, pelear, por la dignidad de las mujeres. Son ellas las que llevan la historia, no es una exageración, las mujeres llevan la historia y no es un cumplido porque hoy sea el Día de la Mujer. También la esclavitud es así, el rechazo de la mujer… Pensar que en un lugar se discutió si el repudio a la esposa debía darse por escrito o sólo oralmente. ¡Ni siquiera el derecho a tener el acto de repudio! Y esto sucede hoy, pero para no desviarnos pensemos en el centro de Roma, en las chicas que son secuestradas y explotadas. Creo que ya he dicho todo sobre este tema. Les deseo un buen final de viaje y les pido que recen por mí que lo necesito.

Artículo publicado originalmente por Vatican News

 

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