Los CIEs, agujeros negros de los derechos humanos

FUENTE. Ecclesia, 31 Enero 2021.

La mañana del pasado sábado hubo un clamor en las redes contra los Centros de Internamiento de Extranjeros.

Cerca de 200 personas en redes sociales desde Madrid y otro centenar físicamente frente al CIE en Barcelona, rezando y mostrando pacíficamente su repulsa hacia estos lugares donde se internan  a migrantes irregulares antes de proceder a su repatriación.

La Pastoral Social  de la Compañía de Jesús ofrece atención jurídica y social a todas estas personas que viven, según nos cuenta Iván Lendrino —director de Pueblos Unidos  y coordinador de la línea de centros de internamiento del Servicio Jesuita a migrantes—  alejados de los límites de lo permisible; sin poder acceder a una «atención sanitaria adecuada”.  Allí hay gente que necesita insulina o un tratamiento mental y no se les está atendiendo. Todos recordamos cómo terminó el caso de Samba Martine».

Las comunicaciones con el exterior están cortadas, no está permitido deambular por la calle para estas personas  y entrevistarse con ellos es una auténtica pesadilla.

«Muchos son jóvenes marroquíes. Los centros prohíben acceder con traductores. Gracias a que tenemos dos voluntarias que hablan árabe podemos entrevistarnos con ellos y conocer de primera mano la situación en la que se encuentra», nos dice Lendrino.

Estos centros, gestionados por el Ministerio de Interior, no operan de forma armónica en territorio español. Cada centro funciona según el carácter y criterio de su dirección. Como «reinos de Taifas» llega a decir el director de Pueblos Unidos.

«Nunca han funcionado bien. Están mal diseñados de origen y llevan así más de una década. Da igual la administración que gobierne, se trata de una mala gestión histórica».

Ante esta coyuntura de vulneración de los principios más elementales, Lendrino ha querido recalcar la realidad de estas personas y del encomiable trabajo que están haciendo todas las asociaciones y organizaciones en favor de aquellos que: «son extranjeros que no han cometido ningún delito sino que tienen una falta administrativa por encontrarse en situación irregular».

Por último le preguntamos sobre si está habiendo o no algún seguimiento a los migrantes deportados. Nos cuenta el caso de los jóvenes marroquíes, con los que guardan el contacto por teléfono.  «Todos dicen que lo van a volver a intentar. Que volverán a cruzar el mediterráneo en las condiciones que sea. El haber pasado por un CIE no  les desalienta para volver a intentarlo».

 

 

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