¿Dónde está el problema, prostitución o mala política migratoria?

¿Dónde está el problema, prostitución o migración?

Hace poco transcribimos en nuestra página web un interesante artículo de Eva Ripa publicado en Diario de Navarra en el que afirmaba el entramado mafioso por el que, en la práctica, la casi totalidad dela prostitución que se consume en nuestros países se lleva a cabo con mujeres víctimas de la trata. Por tanto, concluía ella, no se puede combatir la trata si no se combate la prostitución.

Con posterioridad hemos transcrito otra noticia, esta descargada del diario digital El Debate, por la que se anunciaba que próximamente parece que va a debatirse en el Parlamento y promulgarse una ley contra la prostitución, justo lo que Eva Ripa reclamaba. Pero en esa misma noticia y hasta en su título se afirma que, ante esa eventualidad, las prostitutas se preparan para actuar en la clandestinidad. Esa frase no deja de ser terriblemente ambigua. Si son víctimas de la trata, esclavas de las mafias que las explotan, ¿quiénes van a ser ellas para prepararse para esto o para aquello? Los que sí estarán pensando en cómo prepararse para la clandestinidad son sus explotadores.

Pero en ese mismo escrito se hace mención de cómo, a causa de la pandemia, que indirectamente obligó a la prostitución en clandestinidad, la situación de las mujeres explotadas, ya tan triste, empeoró gravísimamente.

Luego ¿bastará con una ley antiprostitución para mejorar la suerte de tantas víctimas de esta trata criminal? ¿Por qué esas mujeres caen en esa trampa mortal? Y aquí viene a cuento el dato de que un porcentaje altísimo de estas mujeres prostituidas son extranjeras y sin papeles. Y así es como las mafias las reclutan y, en muchos casos, empezando por engañarlas.

O sea que, sin negar que haya que luchar contra la prostitución, la clave no está  ahí sino en un cambio de la política migratoria. Si esas mujeres estuviesen regularizadas, como lo ha pedido y lo sigue pidiendo esa loable iniciativa legal popular, tendrían mucha más facilidad para conseguir otros trabajos, libres, dignos y mínimamente remunerados.

Y sin ese cambio, la abolición legal de la prostitución puede que libere a algunas de sus víctimas de su explotación, pero hará caer a muchas más en un infierno peor aún que el que están padeciendo con la prostitución legalmente tolerada.

Rafael Janín

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